Las fotos descartadas
Hace poco un amigo me dijo que le gustaría hacerme fotos, que no sabría si me sentiría cómoda con ello y que entendería si no.
Respondí un inmediato, si quiero-si acepto y justifiqué mi respuesta desde mi signo ascendente aries, amo el protagonismo.
Sin embargo, esta conversación, que aparentemente se resuelve tan fácil, tiene todo un trabajo personal detrás y se sostiene, es una triste y cruel verdad social.
El año pasado publiqué un post dónde narraba las emociones y pensamientos que me abordaban al verme en un vídeo luego de grabarme para un proyecto personal (dejaré un par de días ese post en anclados en istagram) mencionaba cómo me dolía verme grande, redonda, gorda y que aunque mi mente entendía perfectamente lo tonto y lo maligno, tanto personal cómo colectivamente, de esos sentipensares, yo no lograba sentipensar distinto.
Una persona de mis afectos sagrados me comentó la publicación mencionando el peligro de publicar lo que publiqué, porque lo que estaba haciendo era reproducir la idea de que es un problema y algo indeseable, un cuerpo grande, redondo o gordo. Mencionó con mucha contundencia que no hay vergüenza en ser y habitar un cuerpo así y que eso es lo que personas hegemónicas como yo no somos capaces de entender.
Atesoro ese comentario, lo hice en ese momento y hoy lo hago más que nunca.
Cuándo llegué a este país no sabía cómo habitar el espacio con mi cuerpo, por un lado, mi cuerpo era distinto a lo común, pequeño y grande en comparación con los cuerpos de mujeres de mi rango de edad, salir a la calle y ver sus cuerpos "estilizados" delgados y atléticos en comparación al mío, me generaba mucha inseguridad; por otro lado, mi cuerpo era un fetiche para la mayoría de hombres hetero cis de las apps de citas con los que compartí encuentros y algunos no cis también, mi cuerpo era el deseo de la latina con culo grande que seguramente sería una puta en la cama con la que pueden tener un encuentro sexual salvaje, violento y que les dirá que si a cualquier fantasía.
Paralelo a ello, vivir con mi mamá implicaba cosas muy bellas, extremo hermosas: su cuidado, su guía, su amor. Pero también sucedía que ella me tomaba muchas fotos, aún lo hace, casi todo el tiempo. Ella quiere guardar en su galería de fotos y sus álbumes, todos los recuerdos posibles míos y eso es, sí, de mi cuerpo habitando un espacio.
Mi mamá tiene en su celular fotos mías en pijama, durmiendo, comiendo, en la playa, en calzones, viendo una peli, trabajando, hasta a punto de estornudar, y todas las ve con mucha admiración.
Cuándo me las muestra, me dice: "mire gringuita, mi chinita cómo es de bonita", yo las veía y le pedía no las publicara en sus redes, le elegía las que sí podía publicar, que eran las fotos más hegemónicas y estilizadas posibles.
Ella me hacía caso con una mirada de asombro y un silencio cómplice que mostraba la tristeza de que su hija no se viera cómo ella la veía.
Me era muy difícil entender que un cuerpo cómo el mío no tenía de que avergonzarse por la sencilla razón de que sí, yo pensaba que los cuerpos cómo el mío y los cuerpos grandes tenían que avergonzarse, avergonzarse por no ser tan altos y delgados cómo el común de las mujeres de acá, avergonzarse por ser fetiches sexuales; yo prefería que esos cuerpos grandes no fueran grandes así cómo prefería que mi cuerpo no cambiara hacía lo grande.
Todo ese temor de verme redonda era por la cruel e inhumana razón de que creía que un cuerpo redondo no solo NO podía ser feliz y amado, sino que no merecía ser feliz y amado.
Cada vez que he temido ser gorda o que he temido porque mi cuerpo o el de mis seres amados tienda a lo grande, he sido parte del sistema gordófobo.
Cada vez que he sentido miedo y vergüenza de una foto o video en el que me veo grande, gorda o redonda; con papada, con brazos gelatinosos y rollitos en el abdomen, he sido parte del sistema gordófobo.
Me encantaría poder escribirles sobre cómo cada vez menos me habitan estos sentipensares gordófobos. Me gustaría tener un decálogo o un manual de instrucciones; tener un botiquín de cuidados para usar cuando salimos al mundo y la sociedad define lo que la forma de nuestro cuerpo representa, es y merece.
Pero no. Casi un año después de esa publicación que comento, estoy segura aún en lo que escribo hoy hay mucha gordofobia interiorizada y violencias que desde mi privilegio ni siquiera llego a notar.
Lo que sí puedo decirles, es que hoy, casi un año después de esa publicación, puedo sentir genuina vergüenza con lo que escribí y profunda gratitud con el comentario que atesoro.
También puedo decirles que hoy me gusta que mi mamá me tome fotos y que no le digo cuáles publicar y cuáles no. Que hoy me emociona que un amigo quiera hacerme fotos porque de verdad no temo al cómo se vea mi cuerpo en una fotografía.
Hoy busqué entre mis álbumes esas fotos que descarté para una publicación porque veía en ellas un cuerpo del cual estar avergonzada, y hoy, las veo y me encuentro tan hermosa, tan deseable, tan digna de caricias y besos, tan lejana a un deseo sexual meramente por el fetiche, tan incomparable y única.
Hoy sí quiero que mi cuerpo cambie, que sea distinto a cada minuto de cada día, que crezca, o encoja, que se emblandezca o endurezca, que se manche, que se pecoseé, que se arrugue, que cambie su olor, que se deje crecer los pelos o que se los rasure, que vista ancho o pegado, que se maquille o no, que se pinte las uñas y el pelo o no, que se duche o no... Que mute, mengue, se transforme como ha de hacerlo conforme a lo que vaya viviendo, sosteniendo y creando en la vida.
No es que quiera esto todos los días, a veces la sociedad y los medios me nublan estos pensamientos y llegan los anteriores.
Pero aquí el único consejo que sí puedo darles:
Los días en que el afuera o el pasado me abruma la verdad de que merezco habitar el mundo con orgullo y sin vergüenza, me ayuda mucho mi tribu, el juntarme con gente que se preocupa y ocupa en ser personas con consciencia de la gordofobia, el alejarme de personas que no tienen ningún interés en cambiar su forma de reconocer los cuerpos y opinar sobr ellos.
Leer, escuchar podcasts, y buscar contenidos sobre gordofobia, así como reflexionar ligero y profundo sobre la gordofobia en los contenidos que consumo, me sostiene para que esos instantes de bruma no se vuelvan a apoderar de mí.
Escuchar con atención a las personas grandes y gordas. Si existe la confianza, el espacio seguro y el momento adecuado, preguntar y hablar con ellas. Aprender de ellas y no de los libros y textos médicos blancos hegemónicos.
Reconocer y pedir disculpas al daño que hemos hecho durante años a estos cuerpos grandes. No poner en duda sus experiencias de violencia. No reírse de los chistes de gordos. No opinar sobre los cuerpos, sobre ningún cuerpo.
Hoy publico las fotos descartadas y animo a que publiquemos en el marco del día en contra de la gordofobia nuestras fotos descartadas. Me encantaría ver las de ustedes, sería la más feliz si me etiquetan o me las envían.