Dos Mundos

12.10.2023

Un café, deseo ferviente por solo una taza, miento, tal vez dos o tres; todo depende de mí billetera y de las ganas, por supuesto de las ganas. Con la ansiedad el camino se hace más pesado, más fuerte, y solo miro al frente, sin pensar en nada, solo en mi café, ya puedo olerlo, ya puedo ver la taza azul y los sobres de azúcar al lado, puedo sentir el azúcar desvaneciéndose y la capa fina de encima diluyéndose con los movimientos de la cuchara al batir.


"CAFÉ DOS MUNDOS" dice en tinta azul, y con letras claras, así que me dispongo a entrar, conocido el lugar ya tengo la mesa lista para sentarme, podría decir que mi favorita, pero adentrándome la veo ocupada…tan ritualista, soy tan ritualista, pensé, que de seguro les pediré que tomen otra mesa, es necesario sentarme allí; ¿necesario? pensarán ellos, tal vez reirán, de seguro que lo harán porque son tan estúpidos, ni si quiera pueden comprender la necesidad de un ritual, humanidad de porquería.

Y ante un sentimiento, una sensación de esa porquería se aflora en mi, una pareja en mi mesa, y ella, ella está llorando, sentí pena y su llanto me acongojó, tomé otra ruta y tome una mesa en frente a ellos, descargando mi bolso no pude quitar la mirada de sus lágrimas, pobre, que pena tan amarga estará sufriendo.

Piel morena, ojos grandes y oscuros, se acercaron a mi esperando mi orden; lo olvidaba, mi café, extraño verdad, las ansias desaparecieron al ver esa mujer, pero solo por un instante, volví a pensar en mi café y volvieron los deseos, un café por favor, un café oscuro.

Tome el libro –los vecinos mueren en las novelas- Sergio Aguirre, un libro y un café, ¿que mejor ritual?, sentado allí con el libro en las manos abierto en la página apropiada la sigo viendo, no logro verlo a él, aquel hombre está de espaldas, pero a ella la admiro totalmente, que rostro tan afligido, una de sus manos sostiene un pañuelo blanco tratando de secar las lágrimas, inútil, es inútil son demasiadas y el dolor no permite que paren, que cesen; no menciona palabra, solo lo mira a él, como suplicándole, esa carita de niña triste, esos ojitos tristes…que pena pero que pena.

Y allí esta mi café, eres como te esperaba, oscuro, dos de azúcar y caliente en una taza azul, el aroma me seduce y me dispongo al primer sorbo, placentero, intentando leer me doy cuenta que me es imposible, no puedo concentrarme, pensando en ella, y viéndola de re ojo en cada oportunidad.

De repente habló, no la escucho pero el movimiento de sus labios me atrae, es hermoso, de seguro que es hermosa ahora puedo verlo, despejó su rostro de lágrimas y recogió su pelo con una pinza, como lo pensé, es hermosa.

Se tranquilizó y continuaba, y yo continuaba moviendo mis ojos en los renglones, absurdamente, pues no veía una sola palabra, el hombre ha puesto una de sus manos en el fino rostro y ella con un gesto de indiferencia movió la cabeza y la retiró.

Gusto por mi café y para mi sorpresa gusto por ella, por sus labios rojos, su rostro fino, sus manos sutiles y sus ojos grandes; estúpido, ¿cómo le hacía daño a esa mujer?, de seguro no merecía sus lágrimas.

Se desabotonó el abrigo gris y lo puso detrás de su asiento, remitiendo que mi gusto se convirtiera en deseo, ante ese escote pronunciado y esa piel blanca tan dulce, el se levanta y abre paso al baño y mi escena favorita queda despejada, la veo total, la veo toda, la deseo toda, cabello oscuro liso y largo, un mechón tapa uno de sus senos y no cubre el escote sino que hace que se vuelva más atractivo, sostiene su cabeza con una de sus manos y mira a la mesa, levanta la mirada y nota que la estoy observando, me mira y hace un gesto, no sé qué significa, es una mueca sencilla, rápida y simple, como si quisiera sonreír por un momento pero rápidamente hubiera recordado el sufrimiento; una de sus medias se desacomodó así que se sentó en el asiento en el que él estaba para arreglársela, supongo que tal vez pensó se le vería algo debajo de aquella falda negra, y al hacerlo prefirió prevenir.


Volvió a su asiento y le pidió a la chica del café de piel morena, ojos grandes y oscuros que la atendiera, la chica se fue y volvió inmediatamente con un bolígrafo, ella tomó una de las servilletas y escribió algo, luego la dobló y la puso sobre sus piernas, inmediatamente volvió el hombre mientras yo pedia otra taza de café, el tono de voz en aquella conversación empezó a subir pero aún no lograba escuchar nada. 


Ante la exaltación de los dos era obvio lo que habría de pasar, uno de los dos se levantaría y se marcharía y el otro se quedaría con la cuenta en mano y la cara baja.


Iba a ser ella, estaba seguro, ella se quedaría con la cara baja y la cuenta en mano, llorando inconsolable, ¿qué haría yo?, me volvería imprudente, le hablaría y le comentaría que en tan corto tiempo he llegado a sentir un gusto tan exquisito por ella, le tomaría la mano y la miraría tratando de consolarla y pidiéndole que no llorara más.


Que bella, que atracción tan fuerte, y entre más la veía, más me gustaba…si lo es, no tengo que pensar más, ello existe, claro que existe…me enamoré, la amé a primera vista, no necesité conocerla, solo verla para amarla, si mujer desconocida de la mesa de enfrente, te amo.


Pero, para mi perplejidad, ella fue la que se levantó, no lo comprendí, ¿qué sucedió? Ella se marcha, tomo su abrigo y bolso y le pagó a la chica piel morena ojos oscuros y grandes, dándole el dinero y dentro de los billetes la cuenta, le mencionó algo al oído y salió. 


Aquel hombre se quedó allí, cabizbajo, yo no comprendí nada, pero la amaba, así que salí a buscarla, no podía perderla, la amaba, estaba seguro, no podía dejarla ir, salí y la vi, ya tenía puesto el abrigo y estaba cruzando la calle, corrí y corrí pero no pude alcanzarla, ella tomó un taxi y se marchó.


No puede ser, se fue, se fue la mujer que amo, ¿que haría, la vería de nuevo,dónde, cómo buscarla?, solo me llenaba de preguntas y entre la desesperación recordé que por mi afán deje todas mis cosas en el café, debía volver por mis cosas y tal vez él estaría allí, seguiría cabizbajo pero en medio de su melancolía sería interrumpido por alguien, por mi, tendría que mentir de alguna manera para obtener información de ella; no podía perderla, pero ¿qué le diría?, es absurdo, un desconocido preguntándole por ella, ¿qué pensaría él?, no se me ocurrió nada, tal vez es tan sencillo como decirle, disculpe, podría decirme el nombre de la mujer con quien estaba hace un tiempo, pero ¿con qué argumento necesitaría yo su nombre? Y si tal vez me ofrezco como amigo, le invito una cerveza diciéndole que vi la escena y que no debe preocuparse por mujeres, así el tonto soltaría toda la sopa y podría sacarle información. No, eso no funcionaría no soy así, no sabría que decir, además él me repugnaba pues fue él quien la hizo llorar.


Llegué al café y aún no hallaba solución, efectivamente el seguía allí y la chica de piel morena, ojos oscuros y grandes me menciono que mis cosas seguían allí, que pensó que las había olvidado. No se preocupe, le dije, mejor deme otra taza de café, me dirigí de nuevo a la mesa y esta vez sí pude ver el rosto de aquel hombre, que impresionado me encontré, me di cuenta que no estaba cabizbajo, todo lo contrario, tenía su rostro bien arriba, cubierto de lagrimas, mucho peores que las de ella, se lamentaba tanto, y fue cuando comprendí que él no la hizo llorar, ella lo hizo llorar, tomé camino hacia la mesa para sentarme y pensar en todo lo que había pasado, cuando al voltearme un golpe y unos gritos me hicieron girar mi mirada a la mesa.


La cabeza de aquel hombre cayó sobre la mesa regando el café y rompiendo la taza que ella había dejado, la gente se acercó en multitud, yo solo veía anonadado, un hombre dijo ser doctor, lo miro, le examino y en voz chillona dijo: está muerto, este hombre murió, miro la taza de café y agregó, lo envenenaron, fue envenenado, la multitud se alarmo bastante, y la chica del café piel morena, ojos oscuros y grandes tomó el teléfono para llamar a la policía o no sé, tal vez una ambulancia, solo sé que me quede petrificado y a mi mente volvieron los recuerdos…


Ella no se cambió de lugar para arreglar su media, lo hizo para agregar el veneno a la taza, sentí miedo, mucho miedo, tome mis cosas pero mientras las guardaba en la mesa estaba una servilleta doblada, era obvio ella la había puesto allí; no, ¿pero cómo?, ella se marchó primero, por supuesto, lo que le entregó a la chica del café no era la cuenta con el dinero, sino la servilleta, volteé mi mirada y efectivamente la cuenta estaba sobre la mesa del ahora difunto, ¿por qué estaba en mi mesa la servilleta? ¿qué quería esa mujer conmigo? Tomé la servilleta asustado, la desdoblé y leí


El veneno bebido en una taza de café, no actúa tan rápido como el tocado en una servilleta. El placer de asesinar a un desconocido es mucho mejor que el de asesinar a un amado conocido. 

Marian



Mi corazón latía rápido, claro, la servilleta estaba envuelta en los billetes, ninguna de las dos la había tocado, ni ella ni la chica del café, ¿qué sucedía, qué me sucedía? El mareo me cegó y trate de sostenerme de la mesa, pero, no pude solo veía mis pies y al levantar mi rostro vi la piel morena ojos grandes y oscuros frente a mí, sonriéndome, dirigiéndose a la puerta, y en la entrada del café, en esa puerta roja estaba ella, la mujer, la que amaba, y ante el beso de dos mujeres mi corazón enamorado dejó de latir.

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